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Plataforma propia, marketplace o WordPress: qué le cuesta a una academia cada camino
Jose Manuel Alegre Cuenca · Director de Formación · 7 min de lectura
Cuando ya has decidido que vas a vender tus cursos por internet, la siguiente pregunta es dónde. Hay tres respuestas habituales —montarte la plataforma, subir los cursos a un marketplace, o instalar WordPress con un plugin de cursos— y las tres funcionan. Lo que cambia es qué te cuesta cada una, y el coste casi nunca está donde el folleto lo pone.
Este artículo compara los tres caminos con sus ventajas reales, incluidas las de los que no somos nosotros, y termina con las tres preguntas que de verdad deciden.
Los tres caminos, en una frase cada uno
WordPress con un plugin de cursos. Contratas un alojamiento, instalas WordPress —el gestor de contenidos con el que está hecha buena parte de la web— y encima le pones un plugin que convierte esa web en un aula, como LearnDash, LifterLMS o Tutor LMS. La web es tuya, el dominio es tuyo y el mantenimiento también.
Un marketplace. Subes tus cursos a un sitio que ya tiene catálogo y alumnos, del estilo de Udemy o Domestika. No montas nada: publicas, y el sitio se encarga de la tecnología, del cobro y de traer compradores. A cambio se queda una parte de cada venta y pone las reglas.
Una plataforma propia a medida. Encargas el desarrollo de tu aula, o montas un software de aula libre como Moodle en tu propio servidor. Todo se hace exactamente como tú quieres, y todo lo pagas y lo mantienes tú.
WordPress con un plugin de cursos
Lo que tiene de bueno, y es mucho. Es tuyo de verdad: tu dominio, tu diseño, tus precios y tu lista de alumnos. No hay comisión por venta. El ecosistema es enorme, así que casi cualquier cosa que quieras hacer tiene ya un plugin, y encontrar a alguien que sepa tocarlo es fácil y no caro. Si ya tienes una web en WordPress con visitas, añadir el aula encima aprovecha lo que ya has construido.
Lo que cuesta de verdad. Una academia en WordPress no es un plugin: son varios, y tienen que convivir. El de cursos, el de la pasarela de pago, el de facturación, el del aviso de cookies, el de copias de seguridad, el de seguridad. Cada uno se actualiza por su cuenta, y la combinación de todos ellos es lo que se rompe. Las actualizaciones no son opcionales: un WordPress sin actualizar es uno de los blancos más frecuentes de internet, porque el atacante no te busca a ti, busca la versión vulnerable.
A eso se añade el trabajo que no se ve. Alguien tiene que comprobar que las copias de seguridad se restauran, y no solo que se hacen. Alguien tiene que revisar la velocidad, porque un aula lenta es un aula que se abandona. Y alguien tiene que estar disponible el domingo por la noche, cuando un alumno no puede entrar a la lección que ha pagado.
Para quién es buena opción. Para quien ya tiene web en WordPress y tráfico, para quien tiene un catálogo pequeño y estable, y para quien tiene a mano una persona técnica —propia o contratada— que se ocupe del mantenimiento y lo tenga presupuestado.
El marketplace
Lo que tiene de bueno, y no es poco. Te ahorra entero el problema más difícil: conseguir alumnos. Publicas y hay gente buscando dentro. No montas nada, no mantienes nada, no te preocupa el pago ni la factura al comprador. Puedes probar si tu curso interesa antes de invertir en infraestructura, y esa validación barata vale mucho cuando todavía no sabes qué se vende.
Lo que cuesta de verdad. Tres cosas, y ninguna es la comisión.
La primera es que el alumno no es tuyo. Compra en el marketplace, se relaciona con el marketplace y su correo se queda en el marketplace. Las condiciones de estos sitios suelen prohibir usar esos contactos para venderles fuera de la plataforma, así que no construyes lista propia. Cuando quieras irte, te vas solo tú.
La segunda es que no controlas el precio ni la presentación. Estos catálogos viven de campañas de descuento, y tu curso entra en ellas. Tu marca aparece pequeña dentro de la marca del sitio.
La tercera es que tu posicionamiento se lo queda otro. Quien busca en Google lo que tú enseñas llega a una página del marketplace, no a una tuya. El dominio que crece es el suyo.
Para quién es buena opción. Para probar una idea de curso sin invertir, para llegar a un público masivo que no podrías captar, y como canal adicional cuando ya tienes tu casa montada en otro sitio.
La plataforma propia a medida
Lo que tiene de bueno. Control total. Se hace exactamente lo que necesitas, se integra con lo que ya usas, y ningún cambio de condiciones de un tercero te afecta. Si tu negocio tiene una particularidad que ningún producto estándar cubre —una forma rara de matricular, una integración con el sistema de una empresa cliente—, este es el único camino que la resuelve sin peleas.
Lo que cuesta de verdad. Es el camino más caro, y su coste no termina el día de la entrega. Un software a medida necesita mantenimiento continuo: dependencias que se quedan obsoletas, cambios legales que hay que reflejar, navegadores que cambian. Y necesita a alguien que lo conozca. El riesgo real no es el presupuesto inicial, es quedarte con un sistema que solo entendía la persona que se fue.
Moodle, que es software libre y gratuito de licencia, entra en esta categoría con un matiz: te ahorras el desarrollo, pero el servidor, las actualizaciones, las copias y el soporte siguen siendo tuyos.
Para quién es buena opción. Para una organización con volumen y con equipo técnico propio, o con un requisito que ningún producto del mercado cumple.
Una cuarta opción: plataforma compartida con tu marca
Existe un camino intermedio que suele quedar fuera de estas comparativas. Consiste en entrar en una plataforma que ya funciona, pero con tu marca, tu dominio y tus precios: tú pones el contenido y la revisión, y la infraestructura es compartida con otras academias.
Se parece al marketplace en que no mantienes nada y en que aprovechas el posicionamiento del sitio. Se parece a la plataforma propia en que el alumno es tuyo, la marca que ve es la tuya y el precio lo pones tú. Lo que pierdes respecto a la plataforma a medida es la libertad de cambiar el software a tu gusto: las funciones que hay son las que hay, y las nuevas llegan cuando llegan para todos.
Los cuatro caminos, uno al lado del otro
| WordPress + plugin | Marketplace | A medida | Plataforma compartida | |
|---|---|---|---|---|
| Tu marca y tu dominio | Sí | No | Sí | Sí |
| El alumno es tuyo | Sí | No | Sí | Sí |
| Tú pones el precio | Sí | Con límites | Sí | Sí |
| Quién mantiene | Tú | El marketplace | Tú | La plataforma |
| Te trae alumnos | No | Sí | No | Parcialmente |
| Coste inicial | Medio | Ninguno | Alto | Bajo |
| Trabajo técnico tuyo | Alto | Ninguno | Alto | Bajo |
| Libertad de cambiar el software | Alta | Ninguna | Total | Baja |
Las tres preguntas que deciden
¿Quién va a hacer el mantenimiento, con nombre y apellidos? Si la respuesta es «ya lo veré», descarta los caminos que te lo dejan a ti. Este es el punto donde más academias se quedan a medias, y no por dinero: por tiempo.
¿De dónde van a venir tus alumnos el primer año? Si tienes lista de correo, alumnos de clase presencial o una comunidad que te sigue, puedes permitirte un dominio nuevo. Si no tienes de dónde tirar, necesitas un sitio que ya tenga visitas, sea un marketplace o una plataforma posicionada.
¿Vas a trabajar con empresas? Si vas a vender formación bonificada, la que las empresas descuentan de sus cuotas a la Seguridad Social, el aula tiene que registrar tiempos de conexión y evidencias y conservarlas a disposición de los órganos de control —el artículo 18.2 del Real Decreto 694/2017 fija cuatro años—. Eso no lo resuelve un plugin genérico ni te lo da un marketplace, y montarlo desde cero es caro.
No hay una respuesta buena para todos. Hay una respuesta buena para tu situación, y casi siempre la marca la tercera pregunta.
Si al leer esto te encajaba el cuarto camino, cuéntanos tu proyecto en la página de academias y te decimos con claridad qué pondrías tú y qué pondríamos nosotros.